El abrazo del oso

Publicado 9 febrero, 2012 por universoagora
Categorías: Política Nacional

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La concurrencia de algunos miembros de la oposición al after-office de la presidenta expone con fuerza de confesión el modo de ser (corporativo) y de hacer (pícaro y egoísta) de casi toda la clase política nacional.

Es sabido que la cuestión Malvinas es utilizada (profanada) por los gobiernos de acá y de allá para forzar convocatorias emotivas que conciten la atención del pueblo y lo distraigan de lo demás. La novedad es que esta vez la ciudadanía informada sucumbió notoriamente menos a la intentona, que la parte opositora de la política, teóricamente mejor preparada para resistirla, por experiencia, temple y formación.

Es grave para la República la confusión de conceptos de una oposición carente de toda iniciativa política y de nuevo enredada en los juegos del poder. Claro que se esgrimieron argumentos para justificar el traspié, pero eran la mediocridad hecha argumentos.

Muy mal puede defenderse la democracia (principal argumento) acudiendo con la presteza de los súbditos a los pies del atril de la presidente que más poder ha concentrado, por lo menos, desde la vuelta de la democracia. Y que más arbitrariamente lo ejerció. Ella sabe ahora que está intacta su fuerza de daño.

Defienden la democracia con un comportamiento monárquico y bregan por la calidad institucional alimentando el poder de quienes “se las están llevando puestas”. Gran encerrona.

Lo de que Malvinas es “un tema nacional” (segundo argumento más escuchado) es otra confusión lamentable. Las políticas de Estado son “de Estado” porque se diseñan con el aporte de todos los sectores representativos de la dirigencia nacional. No hay derecho a la sorpresa en la República.

La desclasificación del Informe Rattenbach es auspiciosa, pero hay que interpretarla en el contexto de un gobierno antimilitar y manipulador: no podemos olvidar que se silencian mientras tanto datos importantes del presente, como las estadísticas socioeconómicas, la emisión monetaria y la pauta oficial en los medios de comunicación. Queda todavía otra dimensión preocupante y es que, de paso, la oposición concurrente se prestó a una operación de relojería, que consiste en dinamitar el corazón mismo del gran tópico nacional, al hacer foco nada más que en los errores y los abusos cometidos durante el conflicto armado. Es revisionismo en estado de ebullición.

Además, si murieron más excombatientes en la posguerra que combatientes guerreando, ¿para cuándo el informe sobre lo que hicimos mal en democracia?

Argentina solamente recuperará las Malvinas cuando se haya recuperado a sí misma, cuando luzca como un actor internacional creíble, integrada al mundo, con peso político (que en la relación entre países deriva del peso económico) y entidad moral. La contribución a ello por parte de la oposición no puede ser sino limitando los empellones del poder que tiende a perpetuarse y alzando la vista a razones más elevadas que la aspiración, legítima y muy humana, pero sobre todo tan pequeña, de emperifollarse un día para transitar por quince minutos los salones del poder.

A comprar! Que se acaba el mundo…

Publicado 1 noviembre, 2011 por universoagora
Categorías: Política Nacional

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La crisis económica internacional es una de las posibles formas del fin del mundo para la Argentina. O del fin de la Argentina que vive del mundo, que es lo mismo. Debilitado el contexto externo, el Gobierno recurrirá a la heterodoxia de salir del atolladero con más dosis de la misma medicina: expandir el mercado interno (o evitar su retracción) Es casi la única opción en sus manos después de los incumplimientos del pasado y los relatos del presente.

En este plan, es sugestivo que tres de los temas dominantes de la agenda actual coincidan en el efecto no querido (o no declarado) de empujar al consumo.

La inflación, que es arteramente negada por el Gobierno (con esas negaciones que en realidad confirman) es una invitación a comprar ahora lo que mañana quizás resulte inalcanzable: hace que la plata “queme” en las manos. Ni que hablar de la inseguridad, que obliga a pensar y repensar varias veces la peligrosa idea de guardar los ahorros en algún rincón de casa.

Un efecto similar (entre otros, por supuesto) tienen las medidas recientemente anunciadas para el mercado cambiario. Las complicaciones a la operatoria de los pequeños compradores (sólo el 30% de ese mercado, pero mucho más en la torta de televisores y celulares) terminará desmotivando el ahorro en ese refugio seguro que para nuestra mentalidad siempre significó el dólar estadounidense. Cuevas o consumo, he aquí la cuestión.

A no confundir: la suma de habilidades tácticas no redunda en inteligencia estratégica. No se trata, por lo tanto, de una gran idea que vertebre los programas sectoriales en un proyecto de país. Es la viveza criolla en la política. La probada inventiva para salir del paso.

Si decidiéramos extremar el argumento, tendríamos que anotar los beneficios que siempre arroja a los gobiernos de turno una sociedad “en estado de consumo”. Es la fuente de su respaldo social; mitad legítimo, mitad ilegítimo. Es la conocida mixtura entre adhesión consciente y dependencia inconsciente que nos hace comportar como en el último domingo de elecciones. Pero no llegaremos a tanto, porque tal vez sea paranoia.

La sociedad de Candela

Publicado 5 septiembre, 2011 por universoagora
Categorías: Política Nacional

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La muerte de Candela ha puesto en evidencia, una vez más, la naturalidad con la que el crimen organizado (con mayor o menor grado de organización) opera en la Argentina. Es necesario hacer todavía algunas precisiones más.

El crimen organizado no actúa en el vacío. Al contrario, requiere como condición necesaria de un sustrato social que le sirva cómo zócalo, proveyéndole mano de obra y, sobre todo, un medio donde desarrollar su empresa delictiva con posibilidades de mimetización. Esto último es lo más grave, porque prueba una sociedad en desintegración.

La precarización de la vida material y la subversión de la escala de valores, que ha elevado significativamente el umbral de tolerancia al delito (se empezó entronizando la típica “avivada”) forman un combo de miedo, que ha dado a los tiburones del crimen mansas aguas donde nadar.

Esta sociedad material y moralmente quebrada es la consecuencia lógica de gobiernos que han dedicado mandatos enteros a un único programa: una sucesión de pases cortos para ganar elecciones y mantenerse en el poder. Puede que no lo hayan querido, es cierto, pero lo lograron. La desidia de ayer, hoy es complicidad y, si se la continúa sosteniendo en el tiempo, hay que decirlo, es porque constituye su proyecto de país.

El reiterado pedido de justicia para Candela es una aspiración legítima. Puesto que su crimen lesiona el corazón mismo de nuestra convivencia, esa justicia deberá incluir necesariamente un aspecto social: la honesta reflexión sobre el país en que vivimos, más allá de los detalles del caso, para hacer con conciencia de resultados el único acto de justicia que un pueblo puede realizar con sus propias manos: votar.


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